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EXPOSICIÓN · STAR SYSTEM. TETE ÁLVAREZ

25 marzo- 11:00 - 27 marzo- 11:00

Fecha: 20 de febrero – 12 de abril de 2024
Inauguración: Martes 20 de febrero, 19 h.
Horario: Lunes a viernes, de 11 a 20 h. La exposición también podrá visitarse los fines de semana que esté abierto el centro por la celebración de eventos especiales
Horario especial Semana Santa: Lunes 25, martes 26 y miércoles 26 de marzo, de 11 a 13:45 h
Lugar: Sala MDD · CICUS (C/ Madre de Dios, 1)

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Tete Álvarez es uno de los artistas españoles que con mayor acierto y hondura trabajan en el análisis de la imagen mediática y su repercusión en el campo social y político. Desde hace años su trabajo se significa por su celo improductivo, por su negativa a generar más imágenes, a engrosar el acervo iconográfico mediante la creación de nuevas representaciones que supongan un añadido a las ya existentes. Prefiere servirse de éstas, de las que colmatan a diario los canales de distribución de los media, de las que se alojan en las esquinas de la red. Y con ellas hilvanar una proposición –una promesa de relectura- que se añade a la adherida en origen y que termina poniéndola en cuestión, desvelando su narrativa y los intereses que viene a servir[1].

Este nuevo paradigma que podría enclavarse en el territorio de la postfotografía[2] deviene en una estrategia muy válida para navegar en la iconosfera, donde la competencia del autor se desvanece a causa de la inflación de imágenes que cursan a diario. La ingente cantidad de ellas, la banalidad derivada de la democratización de los terminales que las hacen posibles -no ya cámaras fotográficas, sino teléfonos móviles- suscita la conversión del autor en lector de imágenes. Un operario que conoce los vericuetos del inmenso archivo que las contiene, un recolector acaso que las selecciona, las aparta del flujo y las resignifica.

En Star System se dan cita dos universos aparentemente contradictorios. En un mismo escenario confluyen las imágenes que el telescopio espacial Hubble obtiene del espacio profundo, donde anidan las galaxias más lejanas y se inscribe su evolución a lo largo de millones de años y por otro lado las imágenes de los selfis que navegan entre las redes sociales de sus autores. Con dicho material se urde este tapiz de constelaciones, este sistema de estrellas que iluminan a diario el banal acontecer de la existencia. Resulta obvio que la serie juega con la ambivalencia, aludiendo tanto a las constelaciones de estrellas en un ámbito astronómico, como -en el mundo del espectáculo- a las estrellas de cine que fueron creadas por los propios estudios y que constituyeron los cimientos del imaginario colectivo de la época.

Esta querencia por abrir la lectura de la obra, por dilatar su recepción en un amplio registro de ecos es otra cualidad de su trabajo, así como la licencia que le permite navegar entre distintas series. Aquí es de recibo traer a colación una obra precedente –¡Hale-Hop! (1997)- puesto que ambas desde momentos distintos aluden al espectáculo –esta última en referencia al mundo del circo mediante tres peanas para animales- no como un conjunto de imágenes, sino como una relación social entre personas mediatizada por imágenes. El sesgo alegórico al que nos tiene acostumbrados, que en este caso viene a señalar la dificultad de disociar la experiencia de la realidad de su impostación o simulación, permite al autor seguir nutriéndose de metáforas originarias del universo escenográfico. Ya lo hizo en Grandes teatros del mundo (1997), en alusión al célebre texto calderoniano, sugiriendo que el espacio destinado a la representación ya no se sitúa sólo en la caja negra de los teatros –o en la fábrica de sueños de los estudios cinematográficos- sino en cualquier punto del mapa social.

Vivimos en la era del espejo, asegura Fontcuberta, quien también acuña el término reflectograma en referencia a las fotografías tomadas en espejos. Un estadio ulterior de esta tipología de fotografía podría considerarse el, un tipo de autorretrato obtenido frente a un espejo con un fogonazo de flash. A partir de este material fotográficamente “pobre” –el reflejo del flash en el plano focal cierra automáticamente el diafragma e impide el registro correcto de la imagen– se conforma un sistema de estrellas, un universo especular en el que los oficiantes rinden culto a su identidad e interactúan socialmente a través de la exhibición de su intimidad. Esta escenificación narcisista del yo se relaciona necesariamente con el carácter dramatúrgico que adquieren los usos de la imagen en las redes sociales[3].

El selfi se convierte así en el acto performativo de la identidad y en esta fenomenología de la autorrepresentación, los espejos y las cámaras definen una sociedad que participa de un artificio en el que se goza mirando y a la vez siendo mirado. La atracción del azogue, la glosa de las miradas, la parada de los fanales. Del universo de las estrellas a la fascinación del circo, de la magia del teatro a la fantasía del cinematógrafo. Seguimos habitando el territorio de la representación y el simulacro, hablamos de que el espectáculo debe continuar, vivimos inmersos en una exposición interminable y presos de una extimidad –en contraposición a intimidad- apabullante, sí, pero ahora jugamos todos. Se ha democratizado el acceso a la escena; de hecho a veces resulta difícil constatar la ubicación, si seguimos en el aire con las redes sociales en abierto, expuestos en la caja negra del teatro o del cine, o en algún momento hemos vuelto a casa. El miedo escénico ha resultado ser el antídoto a la ansiedad galopante de los like.

Ángel Luis Pérez Villén

BIO TETE ÁLVAREZ (Cádiz, 1964)  
Es un artista visual que emerge en el momento de transición entre en el ocaso de los medios analógicos y la consolidación de los digitales y cuya obra transita por diferentes soportes que van desde las películas en Super-8 y audiovisuales, realizados a finales de los años 80, a los vídeos, fotografías e instalaciones de los 90 y las obras de net.art y de arte digital realizadas a partir del año 2000. De esta manera, su propio desarrollo artístico ha podido ser testimonio de esta evolución tecnológica señalando las estrategias, ideologías y discursos que la han acompañado

Ha realizado exposiciones individuales en instituciones públicas como el CAAC, el C3A, el Centro de Fotografía Universidad de Salamanca y el Museo de Bellas Artes de Cádiz; espacios independientes como Cruce y galerías de arte nacionales como T20, Valle Ortí, Cavecanem, JM, Trama y Magda Bellotti. De manera colectiva ha participado en más de 150 exposiciones, algunas de ellas ferias y bienales internacionales, como Paris Photo, Artissima, ocho ediciones de ARCO, Bienal de Faro y Bienal Internacional de Arte de Sevilla en la muestra comisariada por Okwui Enwezor. Sus trabajos se han presentado en exposiciones colectivas celebradas en instituciones como el Centro de Arte Santa Mónica, Fundación Marcelo Botín, MARCO de Vigo, Matadero Madrid, AkademiederKünste. Berlín, Museo de las Artes, Guadalajara, México, Instituto Cervantes de Tokio y Pekin, Casal Solleric, Palma de Mallorca, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, TEA Tenerife, Fundación Ludwig, La Habana, Centro de Arte de Salamanca o Centro de Arte de Sevilla entre otros.

Su obra está presente en colecciones públicas de museos y centros de artes como el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, CAC Málaga, Centro de Fotografía de la Universidad de Salamanca, Rhizome, Ordoñez Falcón (TEA Tenerife), Testimoni de La Caixa, Universidad de Sevilla, Fundación Rafael Botí y Museo de Bellas Artes de Córdoba.

 

 


[1] Ángel L. Pérez Villén: Tete Álvarez. Patchworks. Galería JM, Málaga, 2022.
[2] Joan Fontcuberta: La furia de las imágenes. Notas sobre la postfotografía. Editorial Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2016.
[3] Juan Martin Prada: El ver y las imágenes en el tiempo de internet. Editorial Akal, Madrid, 2018.

 

Detalles

Comienza:
25 marzo- 11:00
Finaliza:
27 marzo- 11:00

Local

CICUS · Sala MDD
c/Madre de Dios 1-3
Sevilla, España