MOTOR CULTURAL DE LA CIUDAD

Hoy por hoy, y dentro de las estrategias de modernización de la Universidad española, tenemos que entender la cultura como un elemento imprescindible para crear, dentro del Campus, entornos de vida universitaria integrados culturalmente en el tejido urbano, con gran calidad y ofertas de alto nivel, que logren el beneficio inmediato de la mayor motivación e implicación del colectivo de estudiantes; sólo así tendremos una Universidad realmente atractiva y competitiva, a nivel local y a nivel global en el Marco Internacional. El nuevo Centro Cultural en el edificio de la calle Madre de Dios nos permite, además de consolidar los programas que ya están en marcha en arte, música clásica, jazz, electrónica, flamenco, cine, teatro, danza… abrir nuevas vías, como la cultura digital, que configuran a la Universidad de Sevilla como el motor cultural que pretendemos. El CICUS cobra con este edificio un sentido completo. Deja de ser un ente abstracto, para ser mucho más, un CENTRO donde canalizar las iniciativas culturales, un lugar generador de cultura dirigida a la comunidad  universitaria en particular y a la sociedad en general.

¡Bienvenidos a nuestra nueva sede!

UN LUGAR EN LA HISTORIA

El Centro de Iniciativas Culturales (CICUS) se aloja en un edificio situado en el centro histórico de Sevilla y tiene su origen en el antiguo Convento de Madre de Dios. En 1868 era la Escuela Libre de Medicina y dependía de la Diputación. En 1917 pasó a ser propiedad de la Universidad de Sevilla sirviendo de Sede al Policlínico de la Facultad de Medicina y a la Escuela de Comercio, que, reconvertida en Escuela Universitaria de Empresariales, en 1968 pasa al campus Jurídico-Empresarial. Ha servido como sede a la Facultad de Ciencias del Trabajo hasta 2008, año en que dicha escuela se traslada al campus de Pirotecnia. El edificio de estilo neoclásico data de principios del Siglo XX (1902-1903) y fue diseñado por el arquitecto Arévalo Álvarez Millán. En 1964 fue reformado por Ruíz de Simanca, y posterioremente en 1990, por Francisco Granero Martín. De este modo, la ocupación del edificio por parte del CICUS en 2011 abre un nuevo capítulo en la historia, situando la cultura en un lugar privilegiado dentro de la ciudad.

 

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