Ficha Técnica
La escultura de San Carlos Borromeo, atribuida a Benito Hita y Castillo y fechada en 1762, representa al santo de cuerpo entero, erguido y en actitud de recogimiento. Desde el punto de vista morfológico, destaca el tratamiento delicado del rostro, de facciones juveniles, mirada baja y expresión serena, así como la disposición de las manos, una de las cuales se apoya sobre el pecho mientras la otra sostiene una cruz de madera. Viste los hábitos cardenalicios, con una amplia capa pluvial o manteo de tonalidad clara sobre la sotana, enriquecida por puños y cenefas inferiores decorados con motivos dorados de carácter ornamental. Los pliegues de las vestiduras, dispuestos con ritmo vertical, contribuyen a estilizar la figura y a dotarla de solemnidad. La aureola situada sobre la cabeza y la cruz que porta completan sus atributos identificativos.
En el plano iconográfico, San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán y cardenal del siglo XVI, aparece identificado mediante la cruz que sostiene y el nimbo que corona su cabeza, atributos que aluden a su condición de santo y a su profunda espiritualidad. La mano apoyada sobre el pecho refuerza el carácter devoto e introspectivo de la representación, al tiempo que la indumentaria eclesiástica manifiesta su dignidad dentro de la jerarquía de la Iglesia. La obra, realizada en madera tallada, dorada y policromada, se integra en el conjunto escultórico de la Capilla Universitaria y constituye un ejemplo de la producción barroca sevillana del siglo XVIII.
Técnica: Escultura concebida para ir adosada en la hornacina de un retablo, motivo por el cual su reverso se presenta aplanado en madera y con una aplicación irregular del color únicamente en los bordes laterales. A simple se puede apreciar como el embón está conformado por varias piezas –9 visibles en el reverso y hueco- diferentes todas ellas en tamaño dispuestas con la veta en sentido vertical. Las más externas adosada a los laterales para conferir estabilidad a la pieza en la base.
La policromía visible está conformada íntegramente por una repolicromía de color blanco de mala factura y naturaleza indeterminada (oleosa o sintética), que oculta por completo la capa de color original que, según las catas realizadas en su superficie, también parece ser de color blanco. La excepción, la constituyen las áreas doradas originales que han sido dejadas visibles sin repolicromar, en los relieves presentes en las mangas y en la cenefa del alba, ejecutadas mediante la técnica de la pastilla (a mano alzada o con molde) sobre la masa del aparejo. En estas áreas, el dorado muestra a simple vista una tonalidad rojiza generalizada derivada del embolado subyacente en el perfilado de los motivos. Asimismo, se observan otros elementos dorados sin relieve, como la decoración vegetal del nimbo, o tallados, como la cruz que porta.
Estado de conservación: El soporte de la escultura presenta fisuras y grietas longitudinales de diversa entidad, siendo la más evidente, la de la mano izquierda. A nivel de policromía se detectan craquelados naturales estables de diversa morfología, fruto de su evolución temporal, así como suciedad de naturaleza grasa generalizada, procedente del humo, hollín y demás sustancias aromáticas derivadas del culto.
Presenta, asimismo, diversas lagunas que dejan al descubierto la tonalidad subyacente. Aunque estos deterioros no comprometen la estabilidad estructural de la pieza, sí distorsionan su correcta lectura e interpretación estética; sobre todo, la repolicromía de mala factura actualmente visible.
