CICUS

20% DE DESCUENTO PARA DRÖPPO

DRÖPPO

Fecha: del 13 al 16 de mayo de 2010
Hora: A las 21:00h de jueves a sábado. Domingo a las 20:00 horas
Lugar: Teatro Lope de Vega
Precio: De 4 € a 21 € (descuento del 20% para miembros de la comunidad universitaria de la Universidad de Sevilla presentando el carnet de la Universidad de Sevilla)


DRÖPPO

Presenciamos un día en la vida de un grupo de emigrantes en una ciudad cualquiera. Les vemos habitar hacinados entre trastos inútiles, persiguiendo el sueño de alcanzar una vida mejor en el mundo desarrollado. Los personajes de esta casa-habitación son apátridas solitarios y soñolientos, de edad inverosímil, ni viejos ni jóvenes o, a veces, demasiado ajados o demasiado tiernos. Sin comunicación, autistas por deformación y artistas solícitos en sus quehaceres y, sin embargo, de pronto pueden caer en la cuenta, de que están vivos. Sobrellevan sus frustraciones agarrandose a las rutinas del día a día y al humor como filosofía de la vida. Ellos, los que no tienen nada, nos recuerdan que para sentir la alegría de vivir sólo hace falta querer sentirla, y es que la risa, aún es gratis.

Género

Teatro. Comedia gestual

Duración
75 minutos

Número de interpretes
4 actores

Formato
Mediano

Idioma
90% “dröppiano”. 10% inglés


FICHA ARTÍSTICA

Autor
Juan Dolores Caballero

Reparto
Abel Mora
Manuel Solano
Rocío Borrallo
José Machado

Composición Musical
Inmaculada Almendral

Interpretación Musical
Inmaculada Almendral, Teclados

Espacio Escénico
Juan Dolores Caballero

Iluminación
Antonio Valiente

Diseño Vestuario
May Canto

Diseño Gráfico
Manolo Cuervo
Lete

Fotografía
Luis Castilla

Construcción Escenografía
Egea Eventos

Producción Ejecutiva
Rafael Herrera

Ayudante de Dirección
Mostapha Bahja

Dirección y Dramaturgia

Juan Dolores Caballero


TEATRO DEL VELADOR

Desde sus inicios el Teatro del Velador se ha planteado la búsqueda y la investigación en el ámbito contemporáneo como manera de crear y definir un lenguaje propio. Desde sus inicios, define su teatro y su danza como “bruto”, bebiendo y basándose en el “arte bruto”, donde las técnicas y los sistemas de representación proceden de una invención completamente personal. Si hay un común denominador de las obras propuestas, podría ser el de la obsesión por los motivos de lo feo y el deshecho humano. Desafiando los cánones clásicos de equilibrio y armonía, o quizás ignorándolos, prefiriendo el desequilibrio, el exceso y lo inacabado, tal vez como reflejo de una violencia callada e interior, tal vez como reacción silenciosa al dolor de una sociedad.

En un contexto histórico globalizador y vertiginosamente cambiante, en una Europa sostenida por los más pobres, muchos de ellos, los desarraigados, llegados a este viejo continente huérfanos de tierra, con una cultura a cuestas, donde el origen se convierte en una marca, que identifica, que clasifica, que excluye, que aísla y sobre todo que empobrece.

En este mundo nuestro, miserablemente rico, interesadamente plural, poblado por millones de seres, todos distintos unos de otros, entendemos y experimentamos el ejercicio del teatro y de la danza solamente desde la emoción.

Porque sin ninguna duda, las artes escénicas han sido siempre la Barraca de Feria que contiene el verdadero espectáculo de la emoción, al que intentamos llegar y al que intentamos proteger de la estabilización oficial y académica en la que vivimos y en la que creamos.

Durante casi medio siglo, la pobre Barraca de Feria, sepultada en el olvido, ha permanecido oculta detrás de las ideas puristas, las revoluciones del constructivismo, las manifestaciones surrealistas, la metafísica del arte abstracto, los teatros abiertos, conceptuales, los anti-teatros, las grandes batallas, las grandes esperanzas, las grandes ilusiones y, al mismo tiempo, las catástrofes y las decepciones.

En la cámara de la imaginación y de la memoria viven personajes humanos que han sido “depositados” allí, recluidos y alejados de lo que consideramos “normal” o “convencional”, que no pertenecen a nuestra vida diaria pero que sin embargo están y viven a nuestro lado, que sienten, que oyen, que sufren… y que tratan desesperadamente de reconstruir, con su memoria difuminada, aquello que fue su vida, su felicidad o su miseria. Auténticos parias de la sociedad en la que vivimos.

Entre las luces y las sombras, al alba o al anochecer, con la ciudad al fondo, muda y callada, aparecerán los “monstruos” que son cojos, tullidos, defectuosos, faltos de piernas y brazos, enanos, feos, gordos, enfermos…. todos ellos seres humanos que pueblan nuestro mundo, que habitan y corren entre nosotros, de los que nada sabemos, a los que muy cortésmente menospreciamos, arrinconados de la sociedad, apartados y excluidos de la luz, que salen de la tierra cada noche y con ellos la naturaleza entera, sin maquillajes, en estado puro y bruto.

Ante la necesidad de exhibir todo aquello que nos avergüenza, buscamos un lenguaje universal no escrito, basado en el ritmo, el movimiento y la gestualidad.

El hombre como objeto que custodia la memoria. El hombre usado de una manera bien distinta a como aparece en ciertas vanguardias históricas.

Este hombre utilizado es un objet trouvé que rezuma memoria, conserva las huellas de su propietario, las marcas de su energía; es el objeto de la tienda de un anticuario, el que ya casi no sirve para nada y se amontona en la basura. Ese ente se convierte en ocasiones en un pedúnculo más del personaje, creando en esta hibridación un monstruo de carne muerta y materia orgánica hasta negar así la función primigenia.

Podría decirse que a lo largo de diecinueve años de trabajo el Teatro del Velador asienta los pilares de esta manera de hacer y crea un estilo propio, reconocible y reconocido, no sólo ya en su teatro y danza brutos como elemento formal, sino también en la asimilación y expresión de una cultura en la que se desarrollan y viven sus componentes. La cultura andaluza es también parte de ese mundo sensible. Con él construimos los espectáculos, el ritmo, el cante, el compás…la sentimentalidad universal, si se quiere, son parte de nuestras propuestas.

Juan Dolores Caballero
Teatro del Velador

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