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La primera sesión del taller “Transformaciones” convierte a la sede del CICUS en una extensión del taller del artista sevillano que paseó con el público por la memoria de su obras.

 

Un Luis Gordillo en estado de gracia, diseccionando los cuadros de toda una vida con humor y gracejo, ironizando y recorriendo con el público la galería de su obra como si en realidad fuera una autobiografía en marcha. “Tengo que seguir aprendiendo. La cosa está empezando…”, anunció entre bromas el veterano artista para inaugurar la primera sesión del taller “Transformaciones. Arte y Estética desde 1960” que dirige el crítico de arte Juan Bosco Díaz-Urmeneta y que organizan CICUS y el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC).

El primer encuentro de este taller, que con sus diez ediciones ya es un clásico para comprender el arte hecho en España desde la postguerra hasta el tardofranquismo, se convirtió en un privilegiado recorrido por el taller íntimo y secreto de Luis Gordillo. De la mano de la comisaria Aurora García, que diseccionó con pulcritud la obra del artista, y del profesor Luis F. Montiel, que dialogó con Gordillo en una amenísima charla-confesión, la sesión tuvo mucho de introspección, de relato de la memoria y de lección magistral.

Luis Gordillo repasó todas las etapas de su trayectoria, desde los papeles informalistas de su estancia en París hasta la irrupción del mundo pop reinterpretado según sus personalísimas claves. El pintor recordó la influencia de la fotografía como instrumento para transformar sus dibujos y pinturas, sus itinerarios del color en los setenta o la etapa monocroma del final de esa década. Sin olvidar su galería de cabezas desveladas como paisajes cerebrales que también son rutas por la memoria, casi radiografías psicológicas al modo lacaniano.

El taller “Transformaciones” permite sumergirse en la obra del artista invitado. Y la primera sesión permitió conocer detalles revelados por el propio Gordillo como cuando recordó qué había detrás de su obra “Los Galindo”. Un lienzo que dedicó a su padre, que se apedillaba Rodríguez Galindo, pero que la gente se empeñaba en relacionar con el famoso crimen de Los Galindos ocurrido en los años setenta en una finca de Paradas. “Yo me refería a la familia de mi padre que era de la alta burguesía de Salamanca. Era gente muy rica que no trabajaba y que mantenía una gran tensión con la familia de mi madre, que era de Sevilla y muy popular. Recuerdo que en mi infancia se celebraban los bautizos y otras fiestas con flamenco. Ahora admito que yo era de mi madre y de Sevilla…”, explicó.

El taller “Transformaciones” permite crear una atmósfera de complicidad con los artistas participantes, entre los que pasarán en próximas sesiones Rafael Canogar, Carlos Pérez Siquier, José Luis Alexanco o Antonio Muntadas, entre otros. Por eso, Gordillo rescató sus recuerdos a modo de cartografías mentales por la ciudad de su memoria donde, a pesar del ambiente opresivo y de rechazo al arte contemporáneo, ofreció en 1959 su primera exposición en la Sala de Información y Turismo de Sevilla y su primera antológica en 1974 en el Centro de Arte M-11. Precisamente recordó con emoción ese Centro M11. “Fue un milagro. Por allí pasaron Saura o millares y sus catálogos son ahora objeto de coleccionismo como los que hacía Alberto Corazón, que entonces empezaba”.

Gordillo descubrió para los participantes la paleta de colores extravagantes de su memoria desde aquella casa familiar en la Florida, junto a la ronda histórica donde realiza sus primeros dibujos sobre el formulario de recetas de su padre, en papel de envolver y collages realizados con papeles de periódico. Un artista que ya desvelaba su gusto por la audacia en la ciudad provinciana de los años cincuenta. El Gordillo que ya intenta romper con cadenas y anterior a sus reveladores viajes a París y a Londres.

El taller “Transformaciones” coincide con la antológica que el CAAC ha dedicado a Luis Gordillo y que se ha convertido en un espejo en el que el artista confiesa haberse encontrado con un curioso reflejo. “En esta antológica he descubierto que no veo mi obra dramática, tal y como había pensado. No es una feria, pero ahora veo mi obra tranquila. Y eso que detrás hay mucho psicoanálisis y psiquiatra. Me parece semejante a un esquema biológico y existencial donde por un lado está lo pop, por otro lo informalista. En fin, todas las etapas de mi vida artística”.

Gordillo repasó el autorretrato que se esconde tras su obra, porque “la base de mi obra ha sido pensar en quién soy yo, por qué me pasan estas cosas, qué pasa aquí, dentro de este monigote biológico que soy yo”. Y efectivamente, en el auditorio de CICUS, donde se desarrollan las sesiones del taller, su perfil se confundía con las cabezas pop, con los rasgos geométricos, las sugerencias informalistas, los bustos de complejidad conceptual y simbólica y las manchas y garabatos de los primeros años.

En la divertida jornada, Gordillo relató algunas anécdotas de su carrera como cuando se convierte en un referente de los artistas de la nueva figuración madrileña. “Es curioso, entonces no admitían la influencia que yo tenía en ellos, pero ahora vienen a entregarse. Eran muy buenos artistas. Ahora recuerdo que cuando yo me hice monocromo, a finales de los setenta, vinieron a mi casa a pedirme cuentas. Me decían que por qué había abandonado el color. Ellos tenían derecho sobre mí y querían dirigirme”, comentó entre bromas.

A lo largo de la sesión, el profesor Montiel fue mostrando algunas de las obras de Gordillo. Se analizaron “Serie roja 2”, de 1982, que el artista recordó como un “trabajo muy espontáneo, un juego”, o la obra basada en fotografías y titulada “Secuencias edipianas”, de 1976. “La verdad es que aún no me he explicado esta obra, pero creo que hay detrás un sentido sexual. Yo soy ese muñequito asustado que mira las fotografías en las que aparece Tom Jones en bañador con una novia”, explicó.

A raíz del análisis de “Segunda serie lábil”, fotografía sobre papel baritado de 1974, admitió la influencia de Warhol, aunque afirmando que no era en realidad una obra pop. “No sé por qué pero siempre he querido complicar las cosas. Yo me he creado trampas a mí mismo. Cuando veo ciertos cuadros muy rocosos me pregunto, pero ¿qué necesidad tengo de hacer esto tan difícil? ¿Por qué no me voy a dar un paseo”, confesó consiguiendo las risas cómplices del público asistente.

Luis Gordillo explicó además cómo trabaja en sus dos talleres, pasando de un cuadro a otro y dejando que caiga el tiempo sobre ellos. “Hay cuadros que te dan la lata, que te hacen sufrir. A veces consigues que se te olviden, le das la vuelta y funcionan. Están limpios de ecos malignos. Tengo muchos cuadros que se han curado. Yo suelo trabajar saltando de un cuadro a otro, con muchos cuadros al mismo tiempo. Algunos son amables, se definen rápido, pero cuando alguno se hace muy denso no puedes seguir porque te equivocas. Eso lo he aprendido. El tiempo es fundamental”.

 

 

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